"Las ruedas de los molinos mecánicos que, como innumerables coleópteros, se alzan en La Pampa promten todas y aspiran a ser cada una la auténtica rueda de la fortuna.
Pero esas promesas de la Pampa, tan generosas, tan espontáneas, muchas veces no se cumplen. Entonces quedan hombre y paisaje atónitos, reducidos al vacío geométrico, a la monotonía de su primer término -y no saben como vivir tras aqella amputación de las lotananzas, de las promesas en que había puesto los labios y le hacían respirar. Las derrotas en América deben ser más atroces que en ninguna parte. Queda el hombre mutilado, en seco, sin explicaciones, sin cuidados para la herida. Un viraje de la suerte le corta toda comunciación con la inverosimilitud en que posaba.
...En rigor, el alma criolla está llena de promesas heridas, sufre radicalmente de un divino descontento -ya lo dije en 1916- , siente dolor en miembros que le faltan y que, sin embargo, no ha tenido nunca. Frente a la Tierra Prometida es la Pampa tierra promisoria...
...yo diría que el criollo no asiste a su vida efectiva, sino que se la ha pasado fuera de sí, instalado en la otra, en la vida prometida...
...en el argentino predomina, como acaso en ningun tipo de hombre, esa sensación de una vida evaporada sin que se advierta...
José Ortega y Gasset, en "El Espectador", Biblioteca Edaf, Madrid, 1998.-
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