domingo, 26 de abril de 2026

"La trampa de las asimetrías"

 

Los últimos datos económicos reavivan el interrogante sobre si las disparidades constituyen un rasgo propio del plan o sólo son un desvío temporal

Hasta ahora se pueden identificar tres tipos de asimetrías que tienen raíces profundas en el tiempo, pero que se visibilizaron como derivaciones propias del actual programa económico. Por un lado, la que surge de observar el desempeño dispar de los distintos sectores productivos, entre los que encontraron mayores facilidades en la apertura comercial y los que la padecen, y entre los que tienen una proyección global y los que dependen del mercado interno.

La segunda marca divisoria emerge entre grupos sociales, con una clase alta y media alta que aceleró sus compras en dólares y que se beneficia con el tipo de cambio, y clases media-baja y baja que consumen menos y tienen dificultades importantes para llegar a fin de mes.

Y la tercera bifurcación es la geográfica, con las regiones cordillerana (minería), patagónica (energía) y pampeana (campo) en un momento de prosperidad, y los conurbanos de las grandes ciudades, en particular el AMBA, con industrias deprimidas y consumos deteriorados.

La nueva Argentina se está construyendo sobre estas tres líneas de fractura.  

Se trata del intento de reconversión más profunda de la concepción del país desde que se agotó el modelo de sustitución de importaciones a mediados de los 70

Es el experimento más ambicioso porque apunta a trasladar el epicentro productivo de la era industrial a zonas determinadas por los recursos naturales. 

También porque asume que la competitividad es la única fuerza organizadora de la matriz productiva, en donde cualquier esquema de compensación es considerada una adulteración distorsiva. 

Y además porque lleva implícita una lógica de restauración individual que desafía la tradición igualitaria que caracterizó al país desde el siglo XX, un orden en el cual la libertad personal representa un valor superior al de la realización comunitaria. 

JORGE LIOTTI, LA NACIÓN, HOY 

 

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